Se dice que hay dos modos de entender la responsabilidad: uno como heteronomía y otro como autonomía. Vale decir: una como un normarse por otro (o por la ley) y otra como un normarse por uno mismo (o en libertad). Esta última, a diferencia de la primera, y aún siendo un normarse –que es de lo que no puede prescindir ser-, es la más valorada por los verdaderos educadores. Y es que constituye esa condición cara al ser humano y que todos deseamos desarrollar de alguna manera, la Libertad.
Al ser profesor siempre he intentado en mi práctica, más allá de las corrientes didácticas de moda alimentadas por la psicología, de estimular la capacidad de decisión de cada alumno en su propio proceso de aprendizaje.
Pero ¡SORPRESA! He encontrado que el alumno, y lo que es peor también los padres y apoderados, han sido últimamente liberados, incluso de la idea de libertad.
Puede que esto suene paradójico: que alguien pretenda liberarnos de nuestra libertad. Lo mismo daría decir que nos están esclavizando. Pero en el uso de la expresión pretendo que puedan diferenciar la libertad como un sustantivo, un algo, por así decir, sustancia muchas veces fetichizada por nuestro deseo -confundiéndonos y apartándonos de un recto sentido de la misma-, de aquel proceso propio que es la “liberación”. Expliquemos el sentido entonces de la supuesta paradoja de “liberarse de la libertad”.
El sustantivo “libertad” nos confunde más que el verbo de “liberar” que es un claro “proceso de… y para…”, porque la hemos idealizado ya desde hace mucho por un uso mercantil y fetichizante impuesto en nuestra sociedad de consumo. De la liberación por otro lado nunca esperamos se aplique un uso perverso, que en realidad se hace, como una manipulación efectuada sobre éste nuestro deseo de apropiación (de la libertad idealizada). Pero en fin, tenemos que nos han liberado de nuestra libertad, pero no en el sentido de liberarnos del deseo de esa libertad idealizada (con la cual justamente, sea dicho de paso, realizan este juego de manos), sino más bien, nos han liberado de nuestra capacidad para responder con autonomía. Ese es el sentido ya no tan paradójico.
Y es que al no existir la libertad absoluta (idea confusa y confundidora) lo único que nos queda es la libertad como autonomía, es decir: aquel estado conquistado a partir de un verdadero proceso de liberación personal; liberación de las necesidades, los instintos y mezquindades, de nuestros prejuicios limitantes, etc. (y no ese patológico hacer lo que se quiera, está claro). Que ya es bastante decir, porque en realidad supone una conquista a partir de un trabajoso proceso del cual la mayoría de las veces no queremos ni oír.
Ahora, me detengo en esto y en este contexto, especialmente por quienes serán aquí mi objeto de estudio y que espero también sean mis principales destinatarios, a saber: aquellos chilenos que se han tomado de la propaganda de una reforma educativa con la apariencia de una fábrica y lo que es peor, una fábrica con toda una dinámica de pretendidos efectos mágicos, para la exigencia de unos resultados esperados.
¿Cuál es esa educación de efectos mágicos?
Primero, la educación que es sustentada por el mito de que ella es un servicio, un servicio como cualquier otro, claro está. Ese servicio que uno exige por un precio, por una paga, como si la escuela fuese una especie de fábrica donde el muchacho(a) entra por un lado sin ser educado(a) y sale por el otro siéndolo(a), y en donde nosotros, los padres-clientes esperamos al otro lado como quien espera el pan caliente todas las mañanas.
El efecto mágico que exigen estos clientes a la escuela y al profesor, especie de mercader-chamán del proceso, se manifiesta a veces en una actitud despreciativa y desafiante de los alumnos en la sala de clases, llegando a ocupar sus pupitres como si dijeran: “¡Trata de educarnos. Vamos a ver si puedes!”. ¿Y? es obvio que con esa actitud no se puede. ¿Quién podría dado lo unilateral que es tal postura dentro de una verdadera dinámica de enseñanza –aprendizaje?
Esta actitud despreciativa está afectando, según mi parecer, sobre el intento de creación de una masa crítica de algunos sectores bien definidos. Y es nuevamente esta falta de crítica la estimulante de un factor incidente en la perpetuación de las mallas del poder. Poder que a su vez la ha estimulado a ella misma, no cabe duda, al alejar al alumnado de este país de la posibilidad de apropiarse de su realidad para producir conocimiento para nuestro desarrollo humano.
Bueno, está siendo un factor que incide en una especie de reproducción. Ya se ha denunciado hasta el cansancio: La escuela reproduce (da lo mismo que le llamen colegio y ya veremos porqué). Cabe preguntarse a su vez por qué o por quien es puesta en marcha esta reproducción. Pero eso lo dejo a la imaginación del lector. Sólo pretendo con esto abrir nuestra mirada en el proceso-efecto producido en la sala de clases, que es de donde siempre debiéramos de partir.
Si vemos bien el rol de las actitudes despreciativa y cosificante dentro de la sala de clases, podremos apreciar lo afirmado anteriormente.
El alumnado generalmente presenta un proceso de aprendizaje que es mecánico y poco estimulante de sus facultades cuestionativas y cognoscitivas. Cuesta encontrar a un alumno que se dedique a mirar por sí mismo y que saque sus propias conclusiones a partir de premisas presentadas. Y este es el segundo aspecto, el más llamativo, de lo llamado efecto mágico: al estudiar aprendiendo contenidos de memoria, especificando (lo que no siempre es malo) sólo sus conceptos o definiciones, estableciendo las relaciones entre las cosas como algo dado de por sí según lo dicho o escrito por una autoridad, se produce en la concepción latente de un individuo lo mágico como una concepción de mundo. Lo mismo para quienes se resisten al aprendizaje y quienes se resisten al diálogo. Para aquellos a quienes obviamente no cautiva este panorama. En consecuencia, se toma todo como si al fin de cuentas no fuese todo esto más que un medio para logros académicos, de los cuales se hace un uso manipulante. Actitud resultante que se reproducirá desplazándose en toda otra realidad próxima o futura.
Quizá crean que exagero, sobretodo con la diferencia entre casos individuales o de establecimiento. Pero un diagnóstico comparativo entre clases privilegiadas y marginales arrojará la comprobación de una misma actitud de fondo de parte de los alumnos, en un condicionamiento por las recompensas o el rechazo de por sí de todo intento modificador. Frente a la resistencia agresiva, de los muchachos y muchachas marginados, a ciertos modelos que se le imponen como algo ajeno, están la de una cínica complacencia de las clases dirigentes en la inculcación recibida. Las mil y una técnicas para pasar los exámenes de la clase obrera… la “copia”, es también frecuentemente expresada por los usos modernos del Internet. Copiar es lo mismo que aprender de memoria y la sustancialización mágica del alumnado chileno no permitirá dirigir su mente al descubrimiento de conexiones de causas-efectos de una realidad como tal, ni de la deducción o inducción propias de la científicidad y racionalidad, que hasta ahora se asumían como el poder de introducirse en el descubrimiento de la naturaleza de las cosas. Esa otra conexión laxa con respecto a los resultados que se impone dominantemente desde el exterior, introduce una función mágica ante las cosas como algo virtual, en donde sólo importan los efectos: el uso para una nota, a la que se responde muchas veces al “achunte” y que ante la vista de los jóvenes se presenta, cuando sobresale un aventajado, como un poder chamánico del saber como de aquel que “se las sabe todas”. Es en esto donde verificamos la mentalidad mágica del alumnado de nuestro país.
Al final del día, nuestros alumnos no creen que pensando podamos representarnos la naturaleza íntima de las cosas que realmente nos rodean. Porque el momento en donde se supone adquirimos las herramientas para su comprensión no llega y menos en un ambiente en donde la ideología le presenta ante su vista a todo discurso como un juego del lenguaje.
En este caso concreto: resultado indirecto de esta cadena de demandas en que se ha inscrito, desde los comienzos de nuestra reforma educativa hasta hoy en día, lo que “ES” la educación, confundiéndolo todo en la apreciación de las personas, que se han establecido como clientes y no como colaboradores de procesos.
Tampoco los debates la han posicionado en otro lugar distinto a éste, ya que se parte desde el mismo suelo común para que las posiciones parciales discutan. Al poner en el centro de ese debate a la educación como un gasto público o privado, la educación que se paga pasó a ser toda educación. En boca de los profesores demandantes de mejores sueldos –por ejemplo- ha sonado la “mala educación” como sinónimo de “mala paga para ellos”. En fin, los debates la han puesto en la inconsciente situación de algo que se exige y no de algo en lo que se colabora o se trabaja.
El alumno o educando ha quedado en medio de un proceso de demandas, usufructuando a su vez. Y cuando su ánimo estudiantil es de buena voluntad, éste se ha limitado a la mecánica de los resultados académicos. Y donde se paga por educación o donde no, los resultados de actitud en el proceso estudiantil son más o menos los mismos, sólo con la diferencia de niveles con los que se cuenta en la agrupación de clases, o sea, en el capital cultural específico con el que ya cuentan antes de entrar en la educación formal.
Es reveladoramente lamentable que esto sea tan recurrente en todos lados, afectando no sólo a la educación pública, sino también a la particular subvencionada y a la particular. Y lo que es peor, que este tipo de apreciaciones ni siquiera figuren como postura en un diálogo franco sobre ley alguna. Ya que ni los profesores, ni los alumnos o los padres, ni el gobierno, parecen asumir el tema desde un diagnóstico tal. Claro, cada cual en su parte alrededor de esta “fábrica de educados”.
La responsabilidad de las partes no es más que un discurso añejo. Sólo en ciertas escuelas donde se exige un “rendimiento” (y esto es tristemente revelador también), parecen no haber sido tragados por el mito actual. ¡Qué pena que en otros sectores reine la confusión! Bueno, y es que uds. saben: “A RÍO REVUELTO…GANANCIA DE PESCADORES.” Quizá sea ese el origen efectivo para producir tanta mala fe en todos lados.





